Hay una batalla que se libra mucho antes de empezar a discutir sobre política: decidir de qué hablamos. Y quizá ha llegado el momento de que los medios dejemos de aceptar que sean siempre otros quienes nos señalen qué tiene que ser noticia.
Hay días en los que parece que toda la conversación pública camina por raíles previamente colocados. Un dirigente lanza una frase, aparece una polémica, las redes la amplifican y, casi sin darnos cuenta, periódicos, radios y televisiones terminamos hablando exactamente de aquello de lo que alguien quería que habláramos. Después llegan las reacciones, las contrarreacciones, el vídeo de quince segundos, el corte para TikTok, la tertulia y, finalmente, el inevitable «claro, y de esto no habláis». Y vuelta a empezar.
Lo acabamos de ver otra vez con Isabel Díaz Ayuso. Primero fue aquel «chao pescao» cuando las preguntas se dirigían hacia la polémica compra de un ático por parte de una empresa pública madrileña. Este mismo jueves ha vuelto a ocupar titulares con otro chascarrillo, «con un seis y un cuatro, la cara de mi retrato», pronunciado durante una intervención ante empresarios. Las frases existen, son pronunciadas por una presidenta autonómica y, por supuesto, pueden ser noticia. La pregunta que deberíamos hacernos los medios es otra: ¿cuánto espacio les concedemos y qué dejamos fuera mientras hablamos de ellas?
Porque ese es exactamente el terreno en el que determinadas estrategias políticas quieren que juguemos. No necesitan necesariamente que estemos de acuerdo con ellas. Les basta con conseguir que discutamos dentro del marco que han elegido. Si hoy toca inmigración, hablamos de inmigración. Si mañana toca okupación, hablamos de okupación. Si pasado mañana una frase estridente consigue dominar la conversación, discutimos la frase estridente. Incluso cuando pretendemos rebatir ese discurso podemos terminar haciéndole el trabajo de colocar el asunto en el centro del debate. La agenda ya está marcada antes de que empiece la discusión.
Y por eso queremos hablar de vivienda. Precisamente ahora. Porque mientras se suceden los chascarrillos, las polémicas y las guerras culturales, hay gente haciendo números todos los meses para saber si puede continuar viviendo donde vive. Hay jóvenes que trabajan y no pueden emanciparse, familias que destinan una parte enorme de sus ingresos al alquiler, personas que se ven obligadas a abandonar sus barrios y trabajadores para los que encontrar una vivienda se ha convertido en una carrera en la que cada nuevo anuncio dura unas horas. Ya ni siquiera estamos ante un problema generacional. La vivienda atraviesa al conjunto de la sociedad.
Miremos a Elche. El Ayuntamiento ha encontrado recursos, estructura administrativa y un convenio con el Colegio de Abogados para poner en marcha una Oficina Antiokupación. La iniciativa nace de un compromiso político impulsado por Vox y se presta desde dependencias vinculadas a la Concejalía de Promoción Económica. El convenio destina algo más de 8.000 euros al servicio hasta final de año. Es decir, se ha decidido institucionalmente que la «okupación» merece una oficina, un nombre, presupuesto, abogados, presentación pública y espacio propio dentro de la agenda municipal.
Pero no existe una Oficina Municipal para Encontrar Alquiler. No existe una ventanilla equivalente a la que acudir cuando una persona lleva semanas intentando encontrar una vivienda dentro de sus posibilidades. No existe una oficina concebida con el mismo despliegue comunicativo para acompañar a quienes no pueden emanciparse, a quienes destinan medio sueldo a un alquiler o a quienes simplemente son descartados una y otra vez en los procesos para acceder a un piso. Se ha decidido poner el foco institucional en una parte muy concreta del problema de la vivienda y, además, hacerlo bajo una palabra con una enorme carga política y comunicativa.
Lo más significativo es que ni siquiera conocemos con precisión la dimensión del fenómeno que pretende justificar esa prioridad. Durante la presentación se utilizó la cifra de 159 casos registrados por la Policía Local, pero se reconoció que buena parte de ellos están relacionados con impagos de alquiler y no necesariamente con entradas ilegales en viviendas. El PSOE ha anunciado que solicitará los expedientes para conocer qué situaciones concretas se están contabilizando dentro de esa cifra. Es decir, tenemos ya la oficina, tenemos ya el relato y tenemos ya el concepto instalado en la conversación pública, pero seguimos sin disponer de un desglose que permita saber cuántos de esos casos responden realmente al fenómeno con el que se ha bautizado el servicio.
Y ahí está precisamente el poder de marcar la agenda. No hace falta demostrar que un problema sea el principal problema de vivienda de una ciudad para conseguir que toda la ciudad acabe hablando de él. Basta con convertirlo en categoría política, repetirlo, dotarlo de estructura institucional y esperar a que los demás entremos a discutir dentro de ese marco. Incluso quienes cuestionamos la medida terminamos escribiendo sobre «okupación». Incluso quienes queremos discutir la ausencia de políticas suficientes de vivienda podemos acabar haciéndolo desde el terreno conceptual elegido por quienes impulsaron la oficina.
Pues no. No queremos resignarnos a eso.
En Elche Ahora contaremos la Oficina Antiokupación porque existe y porque gestionar dinero público es noticia. Contaremos sus resultados, preguntaremos cuánta gente utiliza el servicio y fiscalizaremos qué se hace con esos recursos. Pero no vamos a aceptar que la existencia de esa oficina convierta automáticamente la okupación en el problema de vivienda de Elche. También hablaremos de alquileres, de emancipación, de vivienda pública, de desahucios, de barrios, de salarios y de cuánto cuesta algo tan elemental como tener un lugar donde vivir.
Y tampoco vamos a correr permanentemente detrás del último «¿y de esto no habláis?». Siempre habrá algo de lo que no hayamos hablado. Siempre habrá un vídeo, una declaración o una polémica que alguien considere imprescindible colocar en portada. Un medio que intenta contarlo absolutamente todo termina, muchas veces, sin explicar nada. Hacer periodismo también consiste en jerarquizar, insistir, contextualizar y decidir que algunos asuntos merecen permanecer en la conversación aunque ese día no exista una rueda de prensa diseñada para colocarlos en ella.
Eso es también lo que queremos que sean estas Notas de la redacción. Un espacio para explicar nuestra mirada, nuestras decisiones y también nuestras obsesiones periodísticas. No pretendemos esconder que tenemos un criterio editorial. Al contrario: preferimos explicarlo. Elegimos mirar hacia determinados problemas porque creemos que merecen atención, y creemos que una de las funciones de un medio local es impedir que los problemas cotidianos desaparezcan detrás del ruido político diario.
Por eso hoy queremos volver a la vivienda. Y mañana también, si sigue siendo necesario. Aunque ese día el asunto de moda sea otro, aunque haya un chascarrillo más divertido, aunque las redes estén discutiendo sobre la última provocación y aunque alguien vuelva a exigirnos que hablemos justamente de aquello de lo que él quiere hablar.
No dejemos que nos marquen permanentemente lo noticiable. No dejemos que una estrategia de comunicación consiga que olvidemos aquello que no desaparece cuando termina la polémica. Porque cuando el trending topic cambie, cuando se apague la tertulia y cuando el último vídeo deje de circular, seguirá habiendo una persona en Elche abriendo Idealista por enésima vez y descubriendo que tampoco hoy puede permitirse una casa.
Y de eso queremos hablar.

