UNA EDICIÓN DE ELCHE AHORA Elche
, ,

El cartel municipal que reabre una herida histórica: Isabel I fue quien cedió la villa a un señor feudal

La imagen institucional del Ayuntamiento sitúa en primer plano a una figura ligada a una decisión contestada por Elche: en 1470, Isabel de Castilla entregó la villa y Crevillent a Gutierre de Cárdenas, dando origen a una larga etapa señorial.

Retrato de Isabel la Católica, óleo de Juan de Flandes de principios del siglo XVI
PUBLICIDAD

La decisión del Ayuntamiento de Elche de colocar a Isabel la Católica en primer plano en su cartel institucional no remite solo a una figura histórica de relevancia general. Como ya explicó Elche Ahora al analizar el cartel municipal del 12 de octubre, la imagen elegida transmite una determinada visión del pasado. Pero en Elche el nombre de Isabel está ligado, además, a un episodio muy concreto: la entrega de la villa a Gutierre de Cárdenas, noble castellano y hombre de confianza de la futura reina.

Isabel de Castilla cedió Elche y Crevillent el 24 de agosto de 1470 a Cárdenas como recompensa por los servicios prestados para facilitar su matrimonio con Fernando de Aragón. La donación está documentada en el Archivo Histórico de la Nobleza, que conserva una copia de la merced por la que se entregaban ambas localidades, con sus bienes, rentas, derechos y jurisdicción. Aquel gesto no fue un simple trámite patrimonial, sino una decisión con consecuencias directas sobre el gobierno y la condición política de la villa.

La operación se había preparado con otra cesión apenas dos días antes: el 22 de agosto de 1470, Fernando de Aragón había otorgado a Isabel las villas de Elche y Crevillent. El 24 de agosto, ella las donó a Gutierre de Cárdenas. El territorio que hasta entonces pertenecía al patrimonio real quedaba encaminado a convertirse en un señorío nobiliario.

En ese momento, Isabel todavía no había accedido al trono de Castilla, algo que ocurriría cuatro años más tarde, en 1474. Sin embargo, la donación quedó asociada para la historia local a su figura y a la pérdida de la vinculación directa de Elche con la Corona. La villa pasó de su condición de realengo a quedar sometida a un señorío, aunque la toma de posesión efectiva se demoró durante años.

La entrega no fue asumida pacíficamente. La resistencia de las autoridades de la villa a quedar sometidas a ese señorío retrasó la toma de posesión por parte de Gutierre de Cárdenas hasta 1481. El propio Ayuntamiento de Elche lo reconoce en su explicación histórica del Palacio de Altamira, donde señala que la oposición a la salida del patrimonio real impidió que los enviados del noble recibieran las llaves del alcázar y de la Calahorra hasta once años después de la donación.

La oposición de la villa no fue episódica ni simbólica. Durante los siglos XVI y XVII se promovieron pleitos para intentar recuperar la vinculación directa con la Corona. La historia del Elche foral recogida por la Universidad de Alicante sitúa en 1697 una sentencia favorable al señor de Elche, muestra de hasta qué punto aquel conflicto se prolongó en el tiempo.

Ese trasfondo histórico es el que convierte en significativa la presencia de Isabel la Católica como imagen destacada en un cartel municipal. No se trata únicamente de una reina de gran proyección en la historia de España, sino de una protagonista de una decisión que en Elche se asocia a la cesión de la villa a un poder nobiliario y a la pérdida de su autonomía política frente a ese señorío.

La controversia no nace de una lectura forzada del pasado, sino del propio vínculo documentado entre Isabel y uno de los episodios de conflicto institucional más prolongados de la historia local. Presentarla en primer plano desde una institución pública puede interpretarse como una elección discutible en una ciudad donde su figura no simboliza solo el poder monárquico, sino también una cesión contestada por las autoridades locales de la época.

El debate, por tanto, no gira únicamente en torno al diseño de un cartel. También plantea qué memoria histórica proyecta el Ayuntamiento, qué figuras elige destacar y de qué manera trata episodios que, en el caso de Elche, están ligados a relaciones de poder, pérdida de autogobierno y conflicto entre la villa y los intereses de la nobleza.