Bolsas, enseres, restos vegetales y recipientes vinculados a productos para vehículos aparecen acumulados alrededor de contenedores próximos a una de estas instalaciones. La denuncia llega después del incendio que afectó a nueve coches y mientras el Ayuntamiento tramita nuevas clausuras entre las más de 110 campas localizadas en el término municipal.
La proliferación de campas de vehículos alrededor del aeropuerto vuelve a generar quejas entre los vecinos de Torrellano. Residentes de la pedanía han denunciado la acumulación de residuos y vertidos alrededor de los contenedores situados frente a una de estas instalaciones, en una zona que lleva meses concentrando las reclamaciones por el crecimiento de los aparcamientos vinculados al aeropuerto.
Las imágenes difundidas por los vecinos muestran bolsas de basura, cajas, enseres y restos vegetales acumulados fuera de los depósitos. Entre los residuos aparecen también recipientes que, según la denuncia vecinal, corresponden a productos utilizados para limpieza y mantenimiento de vehículos.
La presencia de estos residuos adquiere especial importancia por el contexto de la zona. El pasado 1 de septiembre, un incendio afectó a nueve vehículos estacionados en una campa de Torrellano Alto, siete de los cuales quedaron completamente calcinados. El fuego comenzó en uno de los coches, se propagó a los vehículos próximos y alcanzó también una línea de cipreses. No hubo daños personales.
No existe, por ahora, información que permita relacionar aquel incendio con los vertidos denunciados posteriormente. Son dos hechos distintos. Pero ambos vuelven a situar sobre la mesa las condiciones de seguridad y el impacto que la concentración de campas está teniendo sobre la vida cotidiana de Torrellano.
Más de 110 campas identificadas
El problema ha adquirido una dimensión que supera ampliamente una instalación concreta.
El propio Ayuntamiento reconoce haber identificado más de 110 campas de vehículos en el término municipal, la mayoría concentradas en el entorno del aeropuerto. En junio, el gobierno municipal aseguró que las inspecciones realizadas habían detectado algún tipo de irregularidad administrativa en todas las instalaciones revisadas hasta aquel momento, aunque las situaciones jurídicas no eran idénticas.
Desde entonces se han ejecutado al menos tres clausuras.
La primera afectó a una instalación de 20.000 metros cuadrados que operaba sin licencia y albergaba alrededor de 500 vehículos. En julio se cerró una segunda campa en Torrellano Alto, extendida sobre nueve parcelas y con más de 3.500 coches. El Ayuntamiento informó en agosto de que ya eran tres las instalaciones clausuradas y que existían más expedientes en fase avanzada.
Otros casos presentan situaciones diferentes: 45 campas anteriores a la modificación urbanística están siendo estudiadas para determinar si pueden regularizarse y alrededor de 30 disponen de antiguas licencias provisionales concedidas en 2005 que están siendo revisadas por ampliaciones o cambios posteriores en su actividad.
Los vecinos llevan el problema a Fiscalía y UDEF
La representación vecinal de Torrellano sostiene que los cierres realizados hasta ahora no están impidiendo que el fenómeno siga creciendo.
Un representante de la asociación vial de la pedanía aseguró esta semana que la documentación recopilada sobre estas actividades ha sido trasladada tanto a Fiscalía como a la UDEF, al considerar que la respuesta administrativa no está siendo suficiente para resolver un problema acumulado durante años.
La asociación mantiene una posición crítica con los sucesivos gobiernos municipales por haber permitido la expansión de estas actividades durante un periodo prolongado, aunque reconoce también la colaboración actual con el Ayuntamiento para identificar irregularidades.
Pablo Ruz ha respondido que su gobierno continuará ejecutando clausuras cuando los expedientes permitan acreditar que las instalaciones incumplen la legalidad. El alcalde admite además las molestias que las campas generan a los vecinos y sostiene que el crecimiento del aeropuerto debería ir acompañado de mejores conexiones de transporte, en lugar de depender de grandes superficies destinadas a estacionamiento de vehículos.
Una actividad vinculada al aeropuerto que transforma Torrellano
La expansión de las campas tiene una explicación económica evidente. El crecimiento del aeropuerto Alicante-Elche Miguel Hernández ha disparado la demanda de aparcamiento de larga estancia y ha convertido parcelas del entorno en un recurso rentable para empresas dedicadas al estacionamiento y traslado de viajeros.
Pero la rentabilidad privada de estas instalaciones convive con costes que soporta directamente la pedanía: tráfico adicional, utilización intensiva de caminos y carreteras, transformación del paisaje rural, problemas urbanísticos y, según denuncian los vecinos, residuos y molestias asociados a la actividad.

