El único que se escondió fue Pablo Ruz

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Pablo Ruz ha vuelto a convertir la Alcaldía de Elche en una extensión del argumentario del Partido Popular. Después de la visita de Pedro Sánchez a PLD Space, una de las empresas más importantes de la ciudad, el alcalde decidió acusar al presidente del Gobierno de haber venido a Elche «a esconderse». La frase puede funcionar bien como titular, pero tiene un pequeño problema: Ruz estaba invitado a esa visita y fue él quien decidió no acudir. Podía haberse encontrado con Sánchez, podía haberle planteado cara a cara todas las reivindicaciones pendientes de Elche y podía haber aprovechado la presencia del presidente para ejercer aquello que tanto reivindica cuando habla de defender a los ilicitanos. Prefirió no hacerlo. Por mucho que después intente retorcer el relato, el único que acabó escondiéndose de Pedro Sánchez fue Pablo Ruz.

Y esto no va de defender a Pedro Sánchez ni de considerar que el Gobierno de España haya cumplido con todas sus obligaciones con nuestra ciudad. Un alcalde tiene la obligación de exigir a cualquier administración aquello que Elche necesita, gobierne quien gobierne. Precisamente por eso resulta tan llamativa la enorme contundencia que Pablo Ruz encuentra cuando tiene que enfrentarse políticamente a Madrid y la facilidad con la que esa contundencia desaparece cuando quien tiene delante es un presidente de la Generalitat de su mismo partido.

Mientras Ruz acusa a Sánchez de esconderse, acompaña a Juanfran Pérez Llorca en sus visitas a Elche y celebra anuncios como la cesión al Ayuntamiento del antiguo edificio de Correos. Bienvenido sea cualquier inmueble que pase a formar parte del patrimonio municipal y pueda tener una utilidad para la ciudad, pero resulta difícil presentar ese tipo de operaciones como grandes conquistas mientras siguen pendientes algunas de las principales infraestructuras que el Partido Popular lleva años prometiendo a los ilicitanos.

Porque Elche no necesita únicamente anuncios, fotografías institucionales, protocolos o partidas destinadas a estudios. Elche necesita el TRAM que se prometió, necesita la finalización de la Ronda Sur, necesita el desdoblamiento de la carretera de Santa Pola y necesita también la reforma de la Avenida de la Libertad que el propio Pablo Ruz presentó como uno de sus grandes proyectos durante la campaña electoral de 2023. Casi cuatro años después de aquellas promesas, ninguna de esas grandes actuaciones se ha convertido en la realidad que se anunció entonces.

Con el TRAM llevamos años asistiendo a una sucesión de presentaciones, convenios, estudios técnicos, levantamientos topográficos y anuncios sobre futuras fases. Todo ello puede ser necesario administrativamente, pero no deja de ser la preparación de una infraestructura que todavía no existe. Los ilicitanos no pueden subirse a un estudio técnico para desplazarse desde Carrús hasta la Universidad. Pueden anunciarse partidas, firmarse protocolos y presentar infografías, pero mientras ningún tranvía circule por Elche, el TRAM seguirá siendo una promesa.

Algo parecido ocurre con la Ronda Sur. Durante años, cuando estaba en la oposición, Pablo Ruz reclamaba su finalización inmediata y denunciaba los retrasos de otras administraciones. Ahora podemos hablar de consignaciones presupuestarias, proyectos, expropiaciones o calendarios plurianuales, pero la realidad para cualquier ciudadano es mucho más sencilla: la Ronda Sur sigue sin estar terminada. Un vecino no circula por una partida presupuestaria ni por una memoria administrativa; circula por una carretera. Y esa carretera, pese a todas las promesas, continúa pendiente.

La carretera de Santa Pola ofrece otro ejemplo difícil de explicar. El desdoblamiento de la CV-865 lleva años formando parte de las reivindicaciones y compromisos políticos de la Generalitat, pero la actuación continúa sin materializarse completamente. También aquí resulta curioso comprobar cómo la exigencia política se transforma cuando cambia el color de la administración responsable. Lo que antes era motivo de denuncia permanente acaba convirtiéndose en paciencia, comprensión administrativa y nuevos anuncios sobre futuros avances.

Y quizá el ejemplo más evidente sea la Avenida de la Libertad. Pablo Ruz presentó su reforma en mayo de 2023, en plena campaña electoral, como un proyecto clave para transformar Carrús y vertebrar la ciudad. Fue una de esas promesas diseñadas para transmitir la sensación de que el cambio iba a ser inmediato una vez alcanzada la Alcaldía. Más de tres años después, aquella gran transformación sigue pendiente y continúa apareciendo entre las actuaciones que el propio gobierno municipal pretende desarrollar.

No se trata, por tanto, de negar que existan expedientes, partidas o trabajos previos. Se trata de no confundirlos con el cumplimiento de una promesa. Una administración puede presupuestar un estudio y seguir sin haber construido absolutamente nada. Puede firmar un protocolo y continuar a años de distancia de ejecutar la infraestructura. Puede anunciar una obra varias veces y conseguir varios titulares distintos sin que la realidad cambie para quienes viven en la ciudad.

Ese es precisamente el problema de la política de anuncios que llevamos demasiado tiempo padeciendo. Se presenta cada trámite administrativo como si fuera la inauguración definitiva y cada pequeña consignación presupuestaria como si la infraestructura estuviera a punto de empezar a funcionar. Después pasan los años, cambian los titulares, llegan nuevas visitas institucionales y las grandes promesas continúan exactamente donde estaban.

Pablo Ruz está en su derecho de exigir a Pedro Sánchez todo aquello que considere necesario para Elche. Es más, debería hacerlo. Debe reclamar inversiones, infraestructuras, mejores Cercanías y cualquier actuación pendiente del Gobierno de España. Lo que también debería hacer es mantener esa misma intensidad cuando tiene delante al presidente de la Generalitat. Defender Elche no puede depender del carnet político de la persona a la que haya que reclamar.

Porque ahí reside la gran contradicción. Cuando Pedro Sánchez visita Elche, el alcalde habla de desprecio, abandono y escondites. Cuando la Generalitat gobernada por el Partido Popular mantiene durante años sin ejecutar algunas de las grandes infraestructuras prometidas a la ciudad, el discurso cambia radicalmente y aparecen las fotografías, las sonrisas y las declaraciones asegurando que todo avanza según lo previsto.

Pero cumplir no es encargar un estudio, firmar un protocolo o volver a anunciar una infraestructura. Cumplir es hacerla. Y hoy Elche sigue sin el TRAM prometido, sigue esperando la conclusión de la Ronda Sur, sigue sin el desdoblamiento completo de la carretera de Santa Pola y sigue aguardando aquella transformación de la Avenida de la Libertad que Pablo Ruz presentó ante los ilicitanos antes de llegar a la Alcaldía.

Por eso, quizá la próxima vez que Pablo Ruz quiera acusar a alguien de venir a Elche «a esconderse» debería recordar primero lo ocurrido estos días. Pedro Sánchez vino a Elche y el alcalde decidió no encontrarse con él. Pero mucho más preocupante es que, cuando tiene delante al presidente de la Generalitat, Pablo Ruz parezca esconderse de las reivindicaciones que él mismo prometió defender.

Y de esas, alcalde, no debería esconderse nunca.

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