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El Ayuntamiento promociona un documental sobre África sin aclarar cuánto dinero público ha destinado al proyecto

‘Rompiendo cadenas’ aborda desde Elche el trabajo de una organización de inspiración católica con enfermos mentales en Benín y Togo. La comunicación municipal habla de personas “encadenadas a árboles en África”, pero no explica el coste de la actividad ni contextualiza las condiciones económicas y sanitarias que rodean estas prácticas.

El Ayuntamiento de Elche ha anunciado para el próximo lunes la proyección en el Centro de Congresos del documental Rompiendo cadenas, acompañada de una conferencia de Grégoire Ahongbonon, fundador de Saint-Camille. Lo que no aparece en la información difundida por el propio Consistorio es cuánto cuesta la actividad a las arcas municipales ni qué recursos públicos se han destinado a hacerla posible.

La nota no especifica si el Ayuntamiento ha participado en la financiación del documental, si asume gastos de desplazamiento o alojamiento de los participantes, si existen costes técnicos vinculados a la proyección o qué valoración económica tiene la utilización del Centro de Congresos y del personal municipal necesario para celebrar el acto. Tampoco identifica expediente, partida presupuestaria, subvención o contrato alguno relacionado con la jornada.

La cuestión resulta especialmente relevante porque la actividad no se limita a una conferencia sobre salud mental. El Ayuntamiento hace suyo un determinado relato sobre África Occidental. En su comunicación describe la proyección como una aproximación a la “dura realidad” de personas con enfermedad mental que se encuentran “encadenadas a árboles en África”, sin mayor precisión geográfica ni contexto económico, sanitario o social.

Sin embargo, el propio entorno que ha producido y difundido Rompiendo cadenas sitúa el documental específicamente en Benín y Togo. La web del Centre de Teràpia Interfamiliar lo presenta con ese subtítulo y explica que desde 2023 mantiene una colaboración con Saint-Camille en Benín, Togo y Costa de Marfil. Es decir, una realidad localizada en determinados lugares de África Occidental pasa en la comunicación municipal a presentarse simplemente como una realidad “en África”.

Una realidad que no empieza en las cadenas

La existencia de personas con problemas de salud mental sometidas a encadenamientos, abandono o internamientos en condiciones incompatibles con sus derechos fundamentales está documentada y no debería minimizarse. La cuestión es qué se explica sobre las causas de esa situación cuando se traslada al público ilicitano y qué queda fuera de plano.

Un estudio sobre los sistemas de salud mental de Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Níger y Togo señala precisamente como problemas centrales la escasa dotación presupuestaria, las deficientes infraestructuras sanitarias —especialmente en atención primaria— y la distribución desigual de los recursos económicos y profesionales. Entre los factores que agravan los problemas de salud mental cita además la pobreza, la malnutrición y la desigualdad en el acceso a los servicios sanitarios.

La Organización Mundial de la Salud coincide en ese diagnóstico estructural. Cerca de 150 millones de personas viven con problemas de salud mental en la región africana y los servicios continúan “severamente infradotados”, fragmentados y con especiales dificultades de acceso en zonas rurales. Son precisamente la falta de sistemas públicos suficientemente financiados y la ausencia de profesionales algunos de los elementos que permiten entender por qué muchas familias terminan recurriendo a mecanismos informales, tradicionales o religiosos para enfrentarse a enfermedades que no pueden atender por otras vías.

Nada de eso aparece en la presentación realizada por el Ayuntamiento de Elche. El relato institucional comienza directamente en la imagen de personas atadas a árboles y continúa con su liberación y posterior acogida por Saint-Camille.

Una obra con una marcada inspiración religiosa

Tampoco explica el comunicado municipal el contexto religioso de la organización alrededor de la cual gira la actividad.

Grégoire Ahongbonon no es simplemente el responsable de una ONG asistencial. La propia Orden de los Ministros de los Enfermos —los Camilos— lo identifica como laico agregado a la Orden y asegura que los centros que ha creado en Benín, Togo, Costa de Marfil y Burkina Faso están fundamentados en la espiritualidad camiliana. Una publicación de la propia Orden de junio de 2026 vuelve a señalar que Ahongbonon solicitó y obtuvo esa agregación y que comparte plenamente su carisma y espiritualidad.

El componente confesional tampoco se oculta cuando el proyecto se presenta en otros ámbitos. CESAL, organización colaboradora de Saint-Camille, describe su labor como una misión que “cura desde la ternura y la fe” y recoge una de las frases con las que Ahongbonon define su trabajo: “Cada persona encadenada es Cristo que sufre”.

Que una organización tenga inspiración católica no cuestiona por sí mismo el valor de su labor ni impide que pueda participar en proyectos de cooperación. Lo relevante cuando interviene una administración pública es conocer qué se financia, cuánto cuesta y desde qué marco se está presentando una realidad social a la ciudadanía.

La relación con la cooperación municipal

Existe además una relación institucional previa entre el Ayuntamiento y una de las organizaciones vinculadas al proyecto. En abril de 2024, el Consejo Local de Cooperación al Desarrollo aprobó por unanimidad la incorporación de la Asociación Salut Mental. Durante aquella reunión, Javier Sempere explicó que la entidad realizaba desde hacía años acciones de cooperación en Perú, Cuba, Benín y Togo y detalló particularmente sus intervenciones relacionadas con personas con trastornos psicóticos en Togo.

La Asociación Salut Mental figura también inscrita como ONGD en el registro de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo con el NIF G54329503.

Pocas semanas después de su incorporación al Consejo, el Ayuntamiento aprobó la convocatoria municipal de proyectos de sensibilización social y educación para el desarrollo correspondiente a 2024, con un presupuesto global de 35.000 euros. La propia documentación municipal señalaba que las ayudas perseguían crear conciencia sobre situaciones de pobreza, enfermedad, falta de oportunidades y vulneración de derechos humanos.

No hemos podido acreditar que el documental Rompiendo cadenas fuese beneficiario de esa convocatoria ni que esos 35.000 euros guarden relación alguna con su producción. La coincidencia obliga a comprobarlo, pero no permite afirmarlo.

Y ahí está precisamente una de las preguntas que deja abierta la información difundida este miércoles por el Ayuntamiento: ¿cuánto dinero público hay detrás de Rompiendo cadenas y de su presentación en Elche?

Qué África decide enseñar el Ayuntamiento

La discusión va, además, más allá de una factura.

Mostrar la vulneración de derechos de personas con enfermedad mental es perfectamente legítimo. Pero cuando una institución pública presenta situaciones extremas ocurridas en Benín o Togo simplemente como algo que sucede “en África”, sin explicar la debilidad de los sistemas públicos de salud, la pobreza, el coste del acceso a tratamientos, la escasez de profesionales o las enormes diferencias entre países y territorios, el resultado puede reforzar precisamente aquella imagen de un continente homogéneo, atrasado y dominado por supersticiones que durante décadas ha acompañado a numerosos relatos occidentales sobre África.

El problema no es contar que existen personas encadenadas. Existen y sus derechos son vulnerados. El problema es explicar las cadenas sin explicar qué hay detrás de ellas.

Y más aún cuando la respuesta que ocupa el centro del relato es la labor de una organización cuya propia interpretación del trabajo tiene una fuerte dimensión cristiana, mientras esa circunstancia tampoco aparece en la comunicación institucional.

El Ayuntamiento invita así a los ilicitanos a conocer “la realidad” de la enfermedad mental en África. Lo que todavía no ha explicado es cuánto les ha costado a los ilicitanos esa actividad, quién ha financiado el documental y por qué ha escogido precisamente este relato para hablarles de África Occidental.